Adolescencia y juventud,

una de cara, otra de cruz

 

 

 

 

Me habían pedido prestada la guitarra, y entraban en el apartamento para devolvérmela.

Por la izquierda, Richi, Gloria y Mercedes, a quién todos llamaban Michi

 

Aún recuerdo mi llegada a Castelldefels, más como un lugar obligado de veraneo, que como un lugar atractivo.

Mis primeros contactos con el apartamento de Castelldefels que tenían mis padres, fueron con 15 años... ¡Qué rollo!  ¿Diréis por qué? A mi me gustaban más las playas del norte de Barcelona, y estaba descubriendo el glamour de la Costa Barava, ... y por qué no decirlo, de las extranjeras que se acercaban a la misma

¡Allí, en Castelldefels,  desde luego que no había la marcha que se destilaba en la Costa Brava!. No podías hablar idiomas, ni ligar con extranjeras, ni rebozarte en la arena gruesa de las playas del norte de Barcelona, más bien todo lo contrario, quedabas rebozado como una croqueta, y como te revolcases entre las olas en la orilla,  en uno de esos días en que daba gusto torear a las olas, podías estar sacándote arena de "mil rincones de tu cuerpo", durante una semana.

 

Así que con 16 años, y trabajando todo el verano en una fábrica de quesos, como castigo anunciado por parte de mi padre, que en temas de estudios nunca bromeó conmigo y me pronosticó lo que me pasaría si suspendía más de lo acordado, uno tenía la suficiente "pasta" para subir los fines de semana a la Costa Brava y empezar a descubrir la libertad que allí se respiraba, con las chicas extranjeras y las "boîtes", que por aquel entonces, se llamaban así, y no discotecas.

 

A los 17 años y la lección aprendida, con mil pesetas en el bolsillo, una tienda de campaña y una guitarra, cantando a veces por un bocata de cena, te dejabas caer en ese rincón de la Costa Brava y pasabas allí un mes largo,  subsistiendo y adelgazando, con experiencias mil, y de vuelta obligada por Septiembre, justo para estudiar unos días antes una asignaturas que habían quedado pendientes de sexto de bachillerato y la reválida para optar a estudiar en la Universidad. Luego con 18 años, el Preuniversitario me atrapó y me obligó a estudiar el verano. Y ahí no me quedó más remedio que  "tolerar" Castelldefels. Ya no me podía negar a pasar el verano en Castelldefels con mis padres.

 

Llegar a Castelldefels suponía el refugio de casa de los padres, el poder disfrutar de playa y relax, comida y alojamiento gratis, unido a estudio de cuentas pendientes, y porque no se tenía dinero para volar con los amigos a las playas de la Costa Brava en busca de experiencias tórridas y primerizas con chicas extranjeras, llenas de tópicos más que de realidades, y acudir a las discotecas con un ambiente más europeo que el familiar sin marcha, que se respiraba en un pueblo a 20 km de Barcelona llamado Castelldefels.

 

Y sin embargo, quién lo diría, que aquel encuentro mío con los chicos del Poal, a partir de mis 19 añitos, marcaría mi destino de por vida tan sólo unos pocos años más tarde. Influyó, todo hay que decirlo, que por aquellos tiempos acabábamos de formar un grupo de música de folk/acústico y uno de los componentes, disfrutaba también de vacaciones en un apartamento de la zona del Poal también. Faltaban dos meses para comenzar mis estudios en la Universidad. Recuerdo que mis padres me lo dijeron .

 

- Este verano puedes pasarlo con nosotros en Castelldefels. No estarás tan sólo. Ángel el hijo de mi amigo estará allí.

Y claro, Ángel era uno de los guitarras del grupo

 

Y fue entonces cuando los conocí, mejor dicho, cuando las conocí. Porque el primer contacto fue con ellas dos

Mi primer contacto fue con Gloria y Mercedes. De años anteriores, en muy cortas estancias, yo me había paseado por El Poal, con una camiseta de mi paso por las pistas universitarias, con una "U" bien grande marcada en el pecho. Y ellas ya me habían puesto el mote del "chico de la U".

Había una diferencia de edad, pero ellas me cayeron muy bien y me introdujeron en el grupo, donde pronto me vi dentro. La corta diferencia de edad que teníamos sin embargo, era muy importante en aquellos tiempos, cuando las hormonas estaban aún moldeando los cuerpos y los comportamientos, y sólo cuatro años de diferencia podían parecer un abismo.

 

Como era verano, la playa era el "nos vemos  mañana", punto de encuentro obligado. Yo llegaba al grupo que ya llevaba constituido un par de años antes, y se me veía el mayor de todos ellos. Y en realidad era así. Se me acogió bien. De cuando en cuando venían mis amigos con sus guitarras y montábamos algún conciertillo en la intimidad, en plena calle...¡Y no recuerdo que lloviese más, .. por cierto!

 

Aguantando el cartel, Yayo, por delante de pie, Rosamari, Gloria y Susana

Agachados, Luis y Carlos Nadales

 

 

¿Quienes éramos los chicos del Poal?

Ricardo, hoy prestigioso cirujano y médico ilustre de una ONG, que andaba en la época en que lo conocí en tareas de descuartizar una rana, por aquello de aprender cómo se ven los organismos vivos por dentro, Montse y Carlos, hermanos que habitaban una torre contigua a unos apartamentos, Gloria, de los apartamentos de enfrente, Margarita, en lo más alto de unos apartamentos contiguos a la torre de Carlos y Montse, Mercedes, en los bajos de esos mismos apartamentos, y por supuesto yo. Luego estaban los familiares de todos nosotros, más tarde se unirían las parejas, Jordi y un amigo de cerca de su apartamento, Yayo con Nuria, pero en esencia el grupo del núcleo del Poal, en el momento de su creación,  lo constituíamos los citados, cuando yo entré. Luego fui descubriendo de los alrededores, un poco más abajo en otro grupo de torres estaba Susana, más arriba del Poal, Rosamari, en lo alto de todo, cerca de la montaña del depósito, Andy, y mi amigo Ángel, estaba en los apartamentos subiendo por la vía principal a mano izquierda. El primer año, había contacto por el tema de las guitarras y el grupo, incluso se acercaba Paco de Barcelona a pasar el fin de semana. ¡Mi amigo Paco, cuan buen músico era y es! Y lo que aprendí a su lado. Se dedicó a la música profesional, cuando dejamos el grupo un año más tarde. Mis padres me dijeron que eligiese entre Universidad ó Conservatorio. Y yo elegí Universidad.

 

Los fines de semana, el núcleo del Poal,  subíamos muchos de los citados durante el invierno.

Los padres de todos ellos eran amigos, y se solían reunir para jugar a las cartas, y coincidíamos en el Poal.

En invierno se solía jugar al tenis por las mañanas del domingo, y las salidas a Playafels eran lo habitual por las tardes

Pero la vida más intensa se llevaba a cabo en la época estival. Cuando aún no había edad para algunos en las discotecas, un lugar de encuentro muy apreciado era el Babalú.

 

El Babalú, hoy residencia de ancianos, enfrente del puente que cruza hacia el apeadero de Castelldefels, era un bar regentado por dos hermanos, que tenía una gran terraza, y permitía que se bailase al aire libre con buena música de la moda de entonces.

La idea era muy buena, porque atraía a los jóvenes y se podía mover el esqueleto por una bebida a precio normal, siendo curioso el espectáculo.

Aquello se convirtió en un lugar de reunión, aceptado por los padres, por la inocencia. La música que sonaba mucho allá, era la del soul de la Tamla Motown, eso si lo tengo bien presente.

Unos años más tarde, el negocio cambió de propietario, y justo al lado del apeadero, lado mar, se abrió una discoteca, cuyo  nombre era la composición del matrimonio propietario : Franpi.(de Francisco y Pilar)

Fueron en realidad nuestros primeros contactos con una discoteca y lo que representaba : ambiente íntimo, música fuerte, y luces de colores al salir a la pista.

En verano, las excursiones a Playafels, era lo más lejos que salíamos del Poal. De cuando en cuando, una excursión por la montaña, nos hacía sentirnos excursionistas, pero el caminar desde el Poal hasta Playafels, era el verdadero ejercicio continuado. Eso, y las correrías que a veces nos pegábamos cuando a alguien le daba por tocar los timbres de las torres en el camino...

 

En Playafels, aparte de que nos daba la sensación de estar lejos de nuestra casa y sus inmediaciones, habían dos actividades que repetíamos a menudo :

 

- las patatas fritas en cucurucho, con mayonesa, ketchup ó mostaza, del Charles.

- el cine al aire libre.

 

En ese cine, se nos había llamado la atención más de una vez, porque si la película no era atractiva, parecía que "cabrear" al pilas ó acomodador, llamándolo constantemente, era más divertido que la película en sí. En ese tema, había más gente joven de otros lugares que colaboraba. El día más sonado para mi, fue cuando en medio de una tormenta, nos afincamos en el patio de butacas para ver la película, con una sombrilla de playa que nos resguardaba de la lluvia, y cinco debajo.

 

En aquellos tiempos, bien poco pensábamos en el cambio climático, Franco aún vivía, aunque se presagiaban los últimos coletazos de la dictadura. Las tormentas eran las de siempre, al acabar el verano, y significaban guardar las toallas de baño, en los cajones con bolas de naftalina, dobladas, esperando volverlas a airear al viento sobre la fina arena de la playa de Castelldefels justo a la primavera siguiente.

 

Esos son los recuerdos tiernos que guardo de esa época. Esa es la cara de mi paso por Castelldefels.

El cara, haber conocido a Merche y sus amigos. Algunos de ellos, recién reencontrados en una noche entrañable, hace unos meses. Merche, seis años después de conocernos, se convirtió en mi esposa y más tarde, madre de mis hijos

Una cara muy reconfortante y agradable de recordar, por lo que luego representó en mi vida.

 

Pero hay una cruz. Hay otra parte, que desgraciadamente para mi y para Merche, representó la cruz.

 

Una cruz, que hizo que en mi memoria de chaval joven que era entonces, me marcó haciéndome ver la crudeza de pasar por unos hechos, relacionados con el noviazgo con mi Merche, que si bien me hicieron ser más fuerte en mis convicciones, no se los deseo a nadie, y es más, pienso que una persona puede madurar igualmente sin pasar por las vicisitudes tan duras que me tocó pasar a mi, señalado en más de una ocasión, como el "malo" de la película, ó una especie de "pervertidor" que iba a arruinar la vida de Merche.

 

Extraña y reprimida época para mí, ... sin duda. En Castelldefels...

 

Los padres de la que hoy es mi mujer, nunca quisieron entender, que nuestra relación, aunque joven en aquellos momentos, llevaba ante todo, el sello de dos buenas personas que aprendían a quererse, y empezaban a construir un futuro juntos para siempre. Y que por tanto había que darles tiempo por delante...Pero nunca se nos dio. Estuvimos siempre bajo "sospecha", al menos yo, al ser mayor que ella.

 

Nunca supe lo que era salir a solas con ella, nuestro "noviazgo" fue un caminos de zarzales, siempre volaba por encima de mi cabeza, el sentimiento de que no estaba actuando bien.

 

Hasta alguna desafortunada vecina de sus apartamentos, no dudaba en echármelo en cara cuando me veía.

 

- Ay Ricardo, ... como la haces sufrir - nos decía a la cara cuando nos cruzábamos, sin el más mínimo sonrojo.

 

Y pienso yo, ¿a tí que te importaba lo nuestro Maruja? Preocúpate de tus hijos que no sabías de la misa la mitad de lo que estaba ocurriendo en el fondo, pero como una vulgar chafardera que eras, te metías donde nadie te llamaba. Siempre me quedé con las ganas de decirte unas palabritas "merecidas" en tu cara...doña Maruja...

 

Sin embargo, después de muchas vicisitudes, que mejor olvidarlas, lo peor no había llegado aún : cuando decidimos casarnos, sus padres se negaron en rotundo a asistir a la misma, dando por inválido su permiso paterno a nuestra unión.

 

Yo había acabado la carrera, y desempeñaba ni más ni menos que tres trabajos para ganarme la vida. Una sustitución en el hospital, dar clases a enfermeras del propio hospital, y llevar la contabilidad particular a un sastre. Poco más de doce horas diarias trabajando, con la ilusión de dos enamorados que están montando su nido.  Y a fe que mis ingresos de entonces nos daban para vivir muy bien.

 

Y claro que nos casamos, a pesar del desatino de sus progenitores. Ni la lluvia del día señalado nos hizo desistir de nuestro día grande.Después de conocernos más de seis años, teníamos claro lo que queríamos ella y yo. Entramos en la Iglesia Merche y yo cogidos, sin padres... Quizás debería haber dejado ese honor a mis padres, que siempre fueron honestos con nosotros dos, pero aquello fue un acto de reivindicación de Merche y mío como pareja...

 

Unos meses después de casado me ofrecieron un trabajo de ejecutivo y gran proyección, en una multinacional, que aún conservo. Y mis ingresos pasaron a duplicarse en sólo cuatro meses de casados.

 

Y en el año 2000, diciembre, nuestro 25 años de casados, lo volvimos a repetir.  Fue un simple acto emotivo, en una Iglesia, con escritos que recordaban el evento, y adornado con una canción que nuestra hija Tais nos cantó con un grupo de amigos.

 

Hoy, más de 35 años después de conocernos, Merche y yo, libres y felices, nos hemos reencontrado con los amigos de entonces, con los chicos del Poal.

 

 

Mercedes, con su vestido de novia, entra en la Iglesia, acompañada de su

hermana Mary, que la cubre con un paraguas de la lluvia que caía.

 

Y Merche y yo, somos una pareja unida y feliz, normal como pueden haber muchas, con proyectos comunes en el día a día. Somos una pareja que compartimos todo, hasta los hobbies.

 

Y por ello, nos congratulamos reencontrarnos de nuevo con los amigos de Merche, también míos, para compartirlos plenamente.

 

Sed re-bienvenidos otra vez, ¡chicos del Poal!